martes, 23 de enero de 2007

El barrio Fate


La información acerca del barrio Fate es casi inexistente en la web. La excepción es este interesante artículo de la docente Paula Varela. Debido a su extensión, extrajimos los párrafos más descriptivos y de carácter histórico. A modo de opinión personal, estimo que la realidad que expresa la autora no se corresponde con la actualidad. Si bien en las décadas del sesenta y setenta muchos de los habitantes del lugar eran trabajadores de Fate, hoy la población laboral es bastante más heterogenea. Quedan muy pocos trabajadores de la fábrica en el barrio. Pueden encontrar el artículo completo, en su contexto político gremial , en la siguiente dirección:
http://www.iigg.fsoc.uba.ar/Jovenes_investigadores/
Aquí la nota:

Terrenos de conflicto: fábrica, barrio y política.
Por Paula Varela
Docente de la Facultad de Ciencias Sociales, Becaria de Doctorado UBA CyT S023.Ponencia presentada en las III Jornadas de Jóvenes Investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani. FCS, UBA. Mesa 3: Orden - conflicto – cambio
Septiembre, 2005

El lugar donde se vive
San Fernando es un partido tradicionalmente peronista, tiene un Intendente peronista y en el Consejo Deliberante el justicialismo es mayoría absoluta. Lo más lógico era pensar que dentro de un barrio así habría al menos, una Unidad Básica que concentrara la “vida política barrial”. Sin embargo, y para más asombro del que ha estado en el sur o en el oeste del conurbano, lo primero que llama la atención de este barrio es no sólo que no hay ni una Unidad Básica del PJ, sino tampoco algún local de organizaciones de desocupados ni de partidos de izquierda, ningún comedor popular o comunitario, ni ropero ni emprendimiento productivo. Sólo una Sociedad de Fomento, un Club de Jubilados, dos iglesias evangélicas, una adventista y una católica (frente a la plaza principal). Alrededor de la plaza se concentra la presencia estatal a través una escuela primaria, una secundaria y un jardín de infantes. No hay comisaría, unque como en el resto del conurbano, la presencia policial es importante a través de los móviles de la bonaerense y de seguridad del municipio que recorren periódicamente las calles. No hay garitas de seguridad privada como puede encontrarse en los barrios residenciales de San Isidro.
En la Sociedad de Fomento no aparecen signos de política barrial (o al menos, de lo que se ha dado en llamar así en los últimos años): no funciona en base a planes ni bolsones ni ninguna ayuda social, no hay trabajadores desocupados de los planes trabajando allí, y su presidente no es lo que clásicamente llamaríamos un puntero político; con una relación contradictoria con el PJ, se define un fomentista y tiene militancia política de izquierda durante los años 80. Su oficina está repleta de trofeos de torneos de volley, deporte en el que se destacan y en el que “dieron a luz” a uno de los actuales jugadores de las inferiores de Velez. La Sociedad de Fomento está más cerca de los clubes sociales de antaño que de los centros de política social de los noventa. A la hora de preguntar por el lugar en que se “hace política en el barrio”, amén de que no resultaba simple la pregunta para el vecino, la única respuesta fue: “cuando hay elecciones, aparecen un par de Unidades Básicas en la casa de vecinos. Después las cierran”.
Lo segundo que llama la atención es que el tiempo del barrio lo marca el trabajo. En contraste con la temporalidad que rige en los barrios de desocupados, las entrevistas, las visitas, las charlas no son en cualquier horario del día sino que deben respetar la jornada laboral. El trabajo del investigador está regido por lo que el tiempo de trabajo del investigado deja como tiempo de ocio. En definitiva es un barrio en el que viven trabajadores ocupados, y se nota.
El barrio es un trazado de urbanización realizado entre 1953 y 1954, cuenta con unas 38 manzanas y no tuvo posibilidad de expandirse territorialmente porque sus límites son, de un lado la fábrica FATE, del otro la panamericana, hacia el sur las vías del tren Mitre ramal Garín y hacia el norte la calle Pasteur que se transformó en frontera con el barrio contiguo porque es la que marca el lateral de la fábrica. Viven allí aproximadamente 5000 personas y casi no hay lotes sin construir. Si bien no es totalmente homogéneo en términos sociales, es un barrio de clase media obrera con casitas o chalets bien mantenidos en cuyas puertas se estaciona un auto en general bastante contemporáneo. Son escasas las casas “venidas abajo” (todas de material) y se ve con frecuencia obras en construcción en los techos de las casas. Hay algunos umbrales en donde estaciona más de un auto pertenecen en general a trabajadores de FATE. Todas las calles están asfaltadas, y tienen agua corriente, gas natural y electricidad. Lo último que “les pusieron” fueron las cloacas.
En el trazado original, el plano del barrio se extendía hacia ambos lados de lo que hoy es la Panamericana. Podían comprarse lotes de uno u otro lado, hacia el río los más caros hacia el oeste los más baratos porque “era todo bañado”. De cada lado, las manzanas se organizaban alrededor del proyecto de edificación de una gran fábrica, hacia el este el laboratorio Mejoral, hacia el oeste la fábrica de neumáticos FATE (que tenía su planta en la capital federal). Ambas plantas siguen hoy en funcionamiento, habiendo crecido en forma importante (Mejoral no existe más como marca, allí funciona el laboratorio Glaxxo). Según reza el folleto inmobiliario con el que explicaban el trazado del barrio a los potenciales compradores de lotes, el barrio llevaba el nombre de barrio Eva Perón. Luego del golpe del 55, momento en que se vende el lote al vecino que nos dio acceso a este material, se cambió el nombre del barrio, de las estaciones de tren y de toda referencia al peronismo y justicialismo. Popularmente, tanto de un lado como del otro de la Panamericana, los barrios siempre fueron llamados por los nombres de “sus” fábricas: Barrio FATE y Barrio Mejoral.
La fábrica FATE comienza a construirse entre el 57 y 58 y se inaugura en el año 1963/64 con una planta que es menos de la mitad de la actual. La familia Madanes, dueña de la empresa poseía en ese entonces otro predio importante que da hacia la panamericana en el que instaló la fábrica CIFRA de electrónica, cerrada después durante la dictadura militar con el ingreso de las importaciones. En ese predio se encuentra actualmente la fábrica AVON de cosméticos.
FATE es la fábrica más importante de la zona en tamaño y cantidad de empleados y operarios (1200), y dentro de su predio se encuentran una planta purificadora de Aguas Argentinas, un colegio, un campo de deportes de otro colegio, una capilla, una cancha de fútbol, un quincho cubierto para realizar eventos de la empresa o fiestas familiares de los trabajadores y operarios, y una serie de departamentos edificados para los operarios y empleados de la fábrica a mediados de los 60.
Al llegar al portón de ingreso se ven cientos de bicicletas colgadas y un inmenso playón de estacionamiento plagado de autos chicos. En la vereda de enfrente hay otro estacionamiento de la empresa. Los obreros de la fábrica están considerados unos de los mejor pagos de la industria. En palabras del padre de un operario joven, que con unos meses de trabajo se compró el auto propio, “lo que él cobra en la mejor quincena (la primer quincena es siempre mejor que la segunda porque se lleva los adicionales), es lo que yo cobro en todo el mes de trabajo”. Este hombre trabaja en un correo privado en al Capital Federal, tiene una jornada de 9hs y pertenece al gremio de comercio.
Con estas dimensiones y habiendo nacido prácticamente con el barrio, la fábrica es una referencia obligada de casi cualquier conversación que se establezca entre vecinos. De hecho, la gente en las conversaciones no llama a la fábrica por su nombre sino que le dice “la fábrica”. Es llamativo que muchas veces conversando con vecinos, me dijeran “la fábrica” e hicieran un silencio esperando a ver si yo entendía de qué fábrica hablaban. Sea por cuestiones de referencias geográficas o porque siempre hay alguien que trabaja en FATE, en las conversaciones cotidianas, la fábrica es una presencia continua. Sin poder precisar aún su número, en el barrio se concentran muchos trabajadores de la planta. Sin embargo, esto no implica tampoco que se de un tipo de relación del estilo “compañy-town” entre la fábrica (y la familia dueña) y el pueblo, en la que la vida del pueblo está organizada (económica, social y, en general, políticamente) alrededor de la unidad de producción.
Según cuentan, cuando al frente de la empresa estaba el viejo Madanes, la fábrica hacía más cosas para y con el barrio. La Sociedad de Fomento nace en el mismo año en que la fábrica se pone a producir (algunos indican que se llamaba Sociedad de Fomento del barrio FATE). Como no había electricidad, desde el predio se tiraba un cable hasta la Sociedad de Fomento (tres cuadras) para que los vecinos pudieran ver televisión allí. Después (aún no sabemos bien porqué) la relación entre la fábrica y la Sociedad de Fomento se enfrió, FATE retiró el cable de electricidad y la Sociedad cambió de nombre adoptando el de la línea de ferrocarril que hace de frontera sur del barrio. También en su momento tenían su equipo de fútbol en el que jugaban operarios y empleados y que era “seguido” por los vecinos (muchos de los cuales eran parientes de los trabajadores). Como dijo un vecino, no es que hoy no hacen nada sino que se pasó a tener “relaciones institucionales” como la construcción del colegio que fue hecha para los chicos pobres de los alrededores, la participación en actividades de solidaridad que realizan los propios trabajadores de la planta, etc. La fábrica está allí presente visual, simbólica y económicamente aunque la frontera entre la fábrica y el barrio es tan marcada como los miles de metros de reja que indican la propiedad privada del predio. Lo que sucede dentro de FATE se sabe en el barrio por los relatos de los que trabajan dentro o por sus efectos visibles (ampliación edilicia, fusión con Continental -empresa alemana- que pone su firma conjunta con FATE). La gente sabe que en FATE “están habiendo asambleas”, que “están tomando gente”, que “entraron muchos pibes jóvenes”, que “están trabajando muchísimo, exportan a Europa”. Ahora bien, lo que pasa en FATE, aunque es parte de la vida cotidiana de todo el barrio y de hecho lo afecta desde todo punto de vista (comercial, de la infraestructura barrial, de seguridad, etc) parece quedar por fuera de lo barrial. Una pregunta válida sería, entonces, en qué circunstancias aquello que sucede dentro y que se sabe fuera puede ingresar al barrio y modificar su vida cotidiana. O, en otros términos, si lo que sucede en FATE puede ser motor de politización del barrio y generación de nuevos colectivos políticos.
Por ahora, en el barrio FATE no apareció signo de ninguno de estos casos. Lo que se expresa a través del trabajo de campo es que la fábrica es el lugar donde se trabajo y el barrio el lugar donde se vive. Estos ámbitos aparecen como perfectamente diferenciados y no pareciera, en lo inmediato, que fueran a desdibujarse las fronteras.

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